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La nueva pirámide alimentaria de EE.UU. | Aciertos y áreas de mejora

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La nueva guía alimentaria estadounidense 2025-2030 apuesta por la comida real y mínimamente procesada, marcando un giro histórico hacia patrones más saludables. Analizamos sus fortalezas, limitaciones y coincidencias con el modelo Superfuüd.

Para bien o para mal, el mundo sigue mirando a los Estados Unidos cada vez que mueve ficha. Y recientemente lo ha hecho en el ámbito de la nutrición con la publicación de su nueva pirámide alimentaria. Este hito ha suscitado la atención de la prensa internacional, que observa con lupa sus prioridades y recomendaciones para la dieta diaria.

Desde Superfuüd también hemos querido analizar a fondo estas directrices bajo el lema «eat real food», cuya presentación oficial tuvo lugar el pasado 7 de enero en una rueda de prensa en la Casa Blanca. La nueva pirámide alimentaria representa, según sus impulsores, «el reset más significativo de la política nutricional federal en la historia de la nación». ¿Está justificado tanto entusiasmo? ¿Qué tiene de innovador y qué aspectos merecen un análisis más crítico?

Un cambio de paradigma: priorizar lo natural frente a lo procesado

El principal acierto de la nueva guía radica en su mensaje central: priorizar alimentos enteros, ricos en nutrientes y mínimamente procesados. Proteínas, lácteos, verduras, frutas, grasas saludables y granos integrales constituyen la base de la pirámide, mientras que se desaconseja enfáticamente el consumo de ultraprocesados cargados de azúcares añadidos, carbohidratos refinados, sodio excesivo y aditivos químicos.

Esta filosofía conecta directamente con los valores de Superfuüd, cuya carta se construye precisamente sobre superalimentos en su forma más pura y natural. La coincidencia no es casual: la evidencia científica cada vez es más contundente sobre los beneficios de comer «real food».

Proteínas y grasas: derribando viejos mitos

Uno de los giros más interesantes de la nueva pirámide es su enfoque sobre las proteínas y las grasas. Las directrices recomiendan entre 1,2 y 1,6 gramos de proteína por kilo de peso corporal al día, una cifra significativamente superior al mínimo histórico de 0,8 g/kg. Además, se reconoce el valor de fuentes animales de calidad —huevos, aves, pescado, carne roja— junto con opciones vegetales como legumbres, frutos secos y soja.

En cuanto a las grasas, la guía rompe con décadas de satanización del lácteo entero y las grasas saturadas naturales. Ahora se recomienda consumir lácteos completos sin azúcares añadidos, aceite de oliva como grasa principal para cocinar, y se reconoce que las grasas saturadas —en el contexto de una dieta basada en alimentos reales— no representan el enemigo que se creía. Este enfoque resuena con la filosofía Superfuüd de incluir aguacates, frutos secos crudos, aceite de oliva virgen extra y lácteos de calidad en sus propuestas gastronómicas.

Azúcares y carbohidratos: restricción sin ambigüedades

La nueva pirámide establece límites claros para los azúcares añadidos y carbohidratos refinados. Se recomienda que ninguna comida contenga más de 10 gramos de azúcar añadido, se desaconsejan completamente las bebidas azucaradas y los edulcorantes artificiales, y se insta a reducir drásticamente el consumo de harinas refinadas presentes en pan blanco, bollería y snacks procesados.

Este mensaje directo representa un avance respecto a guías anteriores, que a menudo empleaban un lenguaje más ambiguo. La apuesta clara por granos integrales, vegetales y frutas enteras (no zumos) coincide plenamente con el modelo Superfuüd, donde los carbohidratos provienen mayoritariamente de quinoa, avena integral, boniato o frutas frescas, siempre en su forma completa y rica en fibra.

Procesamiento: el gran enemigo identificado (al fin)

Si hay un aspecto que merece un aplauso rotundo es el reconocimiento explícito del daño que causan los ultraprocesados. La guía dedica un capítulo entero a este tema, citando evidencia de que estos productos representan casi dos tercios de la energía consumida en EE.UU. y están vinculados a obesidad, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y mortalidad prematura.

Esta toma de posición firme contra los ultraprocesados es revolucionaria en el contexto estadounidense, donde la industria alimentaria ejerce una presión lobística enorme. Y aquí, una vez más, Superfuüd encuentra un aliado: su modelo de negocio se basa precisamente en preparar platos frescos, sin aditivos innecesarios, conservantes artificiales ni ingredientes extraños. Todo lo que llega al plato es reconocible, natural y nutritivo.

Las áreas grises: sostenibilidad y balance proteico

Sin embargo, no todo es perfecto en la nueva pirámide. Una de las principales críticas que han surgido desde la comunidad científica y ambiental se centra en la ausencia de consideraciones sobre sostenibilidad. A diferencia de las guías alimentarias de países como España, que integran criterios medioambientales en sus recomendaciones, las directrices estadounidenses permanecen ajenas al impacto ecológico de las elecciones alimentarias.

Estudios recientes publicados en revistas como The Lancet Planetary Health y Nature demuestran que los patrones dietéticos con mayor carga de productos animales tienen una huella de carbono, uso de agua y ocupación de tierra significativamente superiores a las dietas basadas predominantemente en plantas.

Otro punto de debate es el énfasis quizá excesivo en proteínas animales frente a las vegetales. Aunque la guía menciona legumbres, frutos secos y soja, también ha recibido críticas por no priorizar suficientemente las fuentes proteicas vegetales, que numerosos estudios asocian con menor riesgo de enfermedades crónicas y mayor sostenibilidad ambiental.

Un paso adelante con tareas pendientes

La nueva pirámide alimentaria de Estados Unidos representa, sin duda, un avance significativo hacia patrones de alimentación más saludables. Su énfasis en comida real, la rehabilitación de grasas saludables, la limitación estricta de azúcares y el reconocimiento del problema de los ultraprocesados son pasos en la dirección correcta que la ciencia nutricional lleva años señalando.

Sin embargo, quedan tareas pendientes importantes. La falta de integración de criterios de sostenibilidad ambiental, la necesidad de mayor énfasis en proteínas vegetales y la ausencia de recomendaciones sobre economía circular y producto de proximidad son áreas donde estas guías podrían evolucionar.

La conversación sobre nutrición óptima está lejos de cerrarse. Mientras la ciencia avanza y la evidencia se acumula, propuestas como las de Superfuüd —que integran salud, sostenibilidad y consciencia alimentaria— representan quizá el siguiente paso evolutivo que las guías oficiales aún deben dar.

Fuentes

U.S. Department of Agriculture & U.S. Department of Health and Human Services (2025). Dietary Guidelines for Americans, 2025-2030. realfood.gov

U.S. Department of Agriculture & U.S. Department of Health and Human Services (2025). The Scientific Foundation for the Dietary Guidelines for Americans, 2025-2030.

Monteiro, C.A. et al. (2019). «Ultra-processed foods: What they are and how to identify them». Public Health Nutrition, 22(5), 936-941.

Lane, M.M. et al. (2024). «Ultra-processed food exposure and adverse health outcomes: Umbrella review of epidemiological meta-analyses». British Medical Journal, 384:e077310.

Willett, W. et al. (2019). «Food in the Anthropocene: the EAT-Lancet Commission on healthy diets from sustainable food systems». The Lancet, 393(10170), 447-492.

Springmann, M. et al. (2018). «Options for keeping the food system within environmental limits». Nature, 562, 519-525.

Ramsden, C.E. et al. (2016). «Re-evaluation of the traditional diet-heart hypothesis: Analysis of recovered data from Minnesota Coronary Experiment». British Medical Journal, 353:i1246.